La infancia imagina una ciudad donde nadie quede atrás
Durante este verano, niños y niñas de Santander han participado en actividades de juego, baile y reflexión para acercarse a las realidades del sinhogarismo y la soledad no deseada. Una experiencia para escuchar a la infancia, compartir ideas y soñar con una ciudad más justa y acogedora.
La mirada de la infancia para construir una sociedad más justa
A lo largo de este verano hemos tenido la oportunidad de compartir espacios de encuentro, aprendizaje y reflexión con la infancia de nuestra ciudad. Esta experiencia ha sido posible gracias al programa de conciliación de la vida personal, laboral y familiar del Ayuntamiento de Santander, El Veranuco, que nos ha facilitado el acceso a los centros y espacios en los que se desarrolla.
Durante los meses de julio y agosto, el juego, el baile y la creatividad se han convertido en herramientas para acercarnos a diferentes problemáticas sociales desde la educación emocional y en valores. A través de las actividades realizadas, hemos trabajado con niños y niñas de entre 3 y 12 años para sensibilizar sobre las realidades del sinhogarismo y la soledad no deseada.
Escuchar también a la infancia
Partimos de una idea fundamental: la infancia tiene derecho a participar, a expresar su opinión y a ser escuchada. Por eso, si queremos construir una sociedad en la que nadie quede atrás, también tenemos la responsabilidad de escuchar lo que niños y niñas tienen que decir.
Esta experiencia nos ha demostrado que la edad no supone un obstáculo para la reflexión, la empatía o el compañerismo. Al contrario, la infancia aporta imaginación y creatividad a la hora de buscar soluciones y, muchas veces, lo hace desde una mirada marcada por la alegría, la ilusión y la amistad.

Desde Cáritas agradecemos el privilegio de haber podido reconectar con la naturalidad y la sencillez con las que niños y niñas se relacionan con las demás personas. Una forma de mirar que se abre a lo diferente y a lo nuevo con curiosidad genuina y sin prejuicios, y que ofrece, sin pretenderlo, una valiosa lección de humanidad.
Afrontar la vida desde el amor y el cuidado hacia las demás personas debería ser una virtud que conservar siempre. Sin embargo, el paso a la vida adulta puede, en ocasiones, enturbiar esa mirada. Por eso, compartir este tiempo con la infancia también ha sido una oportunidad para recordar la importancia de acercarnos a los demás con respeto, curiosidad y empatía.
Pensar juntas y juntos para buscar soluciones
Durante las actividades no solo hemos analizado las realidades del sinhogarismo y la soledad no deseada. También hemos pensado, imaginado y propuesto soluciones.
En este proceso hemos llegado a una conclusión sencilla, pero fundamental: todas las personas tenemos algo que aportar, más allá del dinero. Hay algo que nos acompaña en nuestro día a día, que es gratuito y que puede marcar una gran diferencia: nuestra sonrisa, nuestra amabilidad y nuestra disposición a estar cerca de otras personas.
Tratar a quienes nos rodean con respeto, con independencia de sus circunstancias, debe ser una guía para nuestra forma de vivir en comunidad.
Estas son algunas de las propuestas de los niños y niñas que han participado en las actividades para aliviar el sufrimiento de quienes viven una situación de soledad no deseada:
«Hablar con la persona, darle un abrazo y jugar con ella».

«Invitar a jugar, ayudar, invitar a un helado».

«Escuchar, socializar. No excluir ni hablar mal de nadie. Estar con la persona que esté sola».

Soñar con la ciudad que queremos
Y no nos hemos conformado con pensar y proponer. También nos hemos atrevido a soñar.
Hemos imaginado una ciudad en la que todas las personas cuentan con una vivienda digna, se sienten seguras y acompañadas, tienen acceso a actividades de ocio y disfrutan de espacios limpios y verdes. Una ciudad en la que la educación y el sistema sanitario sean accesibles para todas las personas en igualdad de condiciones.
Una ciudad en la que nadie se sienta excluido y en la que todas las personas puedan formar parte de la vida comunitaria.
Porque imaginar la sociedad que queremos es también un primer paso para comenzar a construirla.

Gracias por abrirnos las puertas
Queremos agradecer a todos los niños y niñas que han participado en estas actividades por poner su imaginación al servicio de la transformación social y por compartir sus ideas, reflexiones y propuestas.
También queremos agradecer a La Escueluca, empresa encargada de la gestión del programa, la acogida de nuestra iniciativa, así como a todos los equipos de El Veranuco del CEIP José Arce Bodega, Centro Cívico Nueva Montaña, CEIP Manuel Llano, CIE Viveros, CEIP Cisneros, CEIP Eloy Villanueva y CEIP Marqués de Estella, que nos han abierto sus puertas con cariño y buena acogida.
Este proyecto tampoco sería posible sin la financiación del Instituto Cántabro de Servicios Sociales, a través de la subvención destinada a programas de interés general para atender fines de interés social, con cargo a la asignación tributaria del 0,7 % del IRPF.
Esperamos que este verano haya sido el comienzo de un camino compartido. Un camino en el que sigamos aprendiendo unas personas de otras y trabajando juntas y juntos por una sociedad más justa, más acogedora y en la que nadie quede atrás.




